Estudiantes de enfermería: Una promesa de esperanza y valentía.

En las ceremonias de graduación de la licenciatura de enfermería, es muy común ver a todas las alumnas portar una capa y la característica lámpara para realizar la conocida “ceremonia de la luz”, pero ¿sabes lo que significa?

Toda esta tradición comienza con la llamada “madre de la enfermería”, Florence Nightingale. Todo comenzó cuando una pequeña y curiosa Florence de apenas 17 años de vida, se vio atraída hacia la noble labor de cuidar a los enfermos, por lo que decidió hacérselo saber a sus progenitores.

Sin embargo, al ser este un oficio catalogado para la clase baja, su madre y hermana no se vieron muy contentas con la decisión de Florence, pero aun con la negativa, Florence decidió continuar con su vocación y logro convertirse en una experta de manera autodidacta.

El evento que la hizo convertirse en la precursora de enfermeras fue en el año 1853, cuando se desato la guerra de Crimea. Un enfrentamiento entre el Imperio ruso y el Reino de Grecia contra una liga formada por el Imperio otomano, el Reino Unido, Francia y el Reino de Cerdeña.
La alianza se encontraba venciendo a los rusos, pero en un punto de la batalla, el ejército británico comenzó a verse diezmado por las enfermedades, pues no tenían médicos, medicinas ni enfermeros.  Por lo que el en ese entonces secretario de guerra en Gran Bretaña, Sidney Herbert, siendo conocido de la familia Nightingale; pidió ayuda de manera desesperada a Florence.

En 1854, Florence reunió un equipo de 38 enfermeras voluntarias. Una vez juntas fueron trasladadas por el mar Negro hasta la base de operaciones británica. Una vez allí, se toparon con el desolador panorama de la nula atención a los enfermos y la escasez de medicamentos.

Casi enseguida, Florence se dio cuenta que la mayoría de los soldados morían más por enfermedades como fiebre tifoidea o cólera que por las heridas del campo de batalla. Por lo que ordenó la limpieza de los vertederos contaminantes y mejoró la ventilación del hospital. A partir de esas medidas el ejército británico destino una comisión sanitaria a la base y se logró que el índice de mortalidad bajara rápidamente.

A Florence se le iban las noches en vela cuidando y procurando a los enfermos, cumpliendo su juramento de ser fiel a su vocación. Para ello daba sus rondines cubierta con una capa, para soportar el frío y apoyada de una pequeña lámpara. Convirtiéndose en una auténtica heroína para su país y siendo recibida como tal a su regreso al mismo. Donde terminaron nombrándola como la dama de la lámpara.

Quedando así, marcada como fe, esperanza y firmeza y siendo tomada por las generaciones siguientes como su símbolo de compromiso, pasando la luz de enfermera a futuras enfermeras, con la promesa de ejercer siempre su vocación con amor, respeto y transparencia.

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